Lo prometido es deuda, y las deudas siempre se pagan. En el artículo de los beat ‘em ups exploramos los juegos de mamporros del amplio catálogo de nuestro querido y añorado Atari ST, pero dejamos para otro momento una de sus principales variantes: esos juegos donde luchas contra múltiples enemigos pero no con puñetazos y patadas, sino con espadas, hachas y demás. ¿Si en lugar de golpear a hostia limpia resulta que corto y troceo, esto sigue siendo un beat ‘em up? En cierto modo, sí. Pero esta variante con el uso de armas blancas, con suficiente tradición, calidad y títulos importantes, constituye en sí misma otro género independiente: el hack ‘n slash. 

Ojo, porque si el juego se basa en manejar a un personaje que lanza armas blancas (como cuchillos, dagas…) mientras corre y salta por plataformas, no es un hack ‘n slash, sino un run and gun o un juego de plataformas (por ejemplo, Black Tiger o Savage). Para que nos entendamos, un hack ‘n slash es un juego tipo Golden Axe. Y como siempre, en este artículo dejaremos de lado las conversiones de arcades coin ops (como Dynasty Wars, Skull & Crossbones, Rastan o el mencionado Golden Axe), ya que son de sobras conocidas y mejor las disfrutas con el MAME en su versión original. Aquí nos centraremos en títulos desarrollados para ordenador, en su versión de Atari ST.

 

Acción-aventura de exploración medieval

Como vimos recientemente, existió una oleada de títulos de espada y brujería de fantasía medieval que se basaba en mecánicas de exploración, aventura y acción. En estos juegos manejábamos habitualmente a un musculoso bárbaro que se enfrentaba a múltiples enemigos a espadazo limpio, como un Conan de la vida, y tenía que recorrer reinos lejanos resolviendo acertijos, completando puzzles e interactuando con personajes y objetos. Solo podemos considerarlos hack ‘n slash en parte, debido a su componente de acción y combates con espadas, pero también son juegos de aventura, así que haremos un breve repaso a algunos de los mejores, ya mencionados en el artículo de juegos de acción-aventura.

Uno de los primeros en aparecer fue Barbarian I (Psygnosis – Pandamonium Entertainment, 1987), una aventura de acción y exploración de un guerrero bárbaro estilo Conan, con muy buenos y detallados gráficos, pero con un sistema de control un poco lioso. Tiene un menú de acciones al que cuesta acostumbrarse, por eso tiene tantos detractores como admiradores, ya que cuando le pillas el truco descubres una aventura fascinante, que te llevará por mazmorras, castillos, cuevas y mundos coloridos y fantásticos. Fue inicialmente desarrollado para Atari ST, y debido al bombo al que Psygnosis lo sometió obtuvo bastante éxito y fue portado a muchos sistemas. Y cuatro años después llegó su secuela Barbarian II (Psygnosis – Pandamonium Entertainment, 1991), con fondos y paisajes incluso más trabajados y controles mejorados. También existió otro Barbarian que veremos más adelante, un exitoso título de combates de espadas 1 contra 1, cuya continuación,  Barbarian II – The Dungeon of Drax (Palace Software, 1988) es otro interesante título hack ‘n slash de desplazamiento lateral, en el que avanzamos a través de niveles de fantasía prehistórica y nos enfrentamos a dragones, trolls y todo tipo de criaturas monstruosas.

Ante el éxito del primer Barbarian (el de Psygnosis) no tardó en aparecer durante el mismo año su clon, hecho a su imagen y semejanza, y fue Skrull (16-32 Diffusion – Infogrames, 1988), otro juego de espada y brujería de un bárbaro similar al anterior y controles igual de mejorables. Los gráficos siguen siendo muy buenos y la aventura se desarrolla a través de un castillo laberíntico, sus mazmorras y otros interiores oscuros y tenebrosos, pero hereda el menú de acciones lioso de Barbarian, que francamente habrían podido ahorrarse. De similar factura es Targhan (Silmarils, 1989), otra aventura ambientada en un entorno de espada y brujería con el enésimo musculoso guerrero armado con una espada, combinando situaciones de pelea con otras de exploración e interacción con objetos, de gráficos detallados y sprites de gran tamaño. Es una de las aventuras de Silmarils marca de la casa, que sirvió de motor para otros exitosos juegos que llegarían pronto a partir de ésta. 

Y al cambiar al bárbaro con taparrabos por un caballero de la corte con su armadura, nos llega ese mismo año Knight Force (Titus, 1989), que hace gala de los clásicos atributos de esta compañía: una puesta en escena imponente con grandes gráficos, y una ejecución y jugabilidad prácticamente lamentables. Debemos viajar por diferentes épocas, cargándonos a todo tipo de enemigos con la espada para intentar rescatar a una princesa de las garras de un malvado hechicero, aunque conseguirlo es prácticamente imposible debido a sus horribles movimientos y espantosos controles. Por suerte al año siguiente llegó el aclamado Wrath of the Demon (Ready Soft – Cybercube, 1990), donde un caballero medieval debe salvar el reino de un demonio muy jodido, superando pruebas y rompecabezas, con muy buena labor gráfica y diferentes pruebas a superar, en variados y coloridos escenarios. Y finalmente tenemos Sir Fred (Ubi Soft – Incal Product, 1990), un juego de exploración y espadazos, que nos pone en la piel de otro caballero medieval, que debe enfrentarse a otro demonio, que esta vez lo ha convertido en gnomo. Un interesante hack ‘n slash combinado con exploración y aventura, y algunos toques de humor.

Beat ‘em ups a espadazos

Ahora sí que llegan los hack ‘n slash de verdad, en estado puro, sin medias tintas, esos juegos donde encuentras pura acción a base de luchas con multitud de enemigos usando espadas, lanzas, hachas y cuchillos. En 1988 nos encontramos uno de los primeros títulos de este género para el ST, y no es otro que Thundercats (Elite, 1988), basado en la popular serie de dibujos animados. Me recuerda al fabuloso arcade Rastan, aparecido dos años antes en los salones recreativos, aunque Thundercats tiene una acción más rápida y muchos más enemigos, que no paran de lanzarse contra ti en todo momento. Nos pone en la piel de Lion-O, el héroe pelirrojo de cabello llameante, poseedor de la espada que contiene el poderoso Ojo de Thundera, fuente de todo su poder, y debemos luchar en un planeta llamado Tercera Tierra contra un ejército de mutantes dominados por el malvado Mumm-Ra, que quiere arrebatarnos la espada. 

Presenta unos gráficos simples pero efectivos, con sprites detallados y unos fondos pobres, consistentes en un único color plano (normalmente en tonos de rojo marronoso o azul) y plataformas y objetos de decoración. La acción consiste en desplazarse lateralmente mientras varios enemigos se lanzan caminando contra nosotros desde izquierda y derecha sin ton ni son, con apenas tiempo de reacción para lanzarles una estocada con nuestra espada (también podremos disparar un arma láser, pero de poco alcance). Curiosamente, la animación del personaje a la hora de asestar un golpe de espada parece inacabada, ya que la estocada se queda a medio camino, como si no terminase su recorrido y no pudiese acertar a los adversarios, así que parece que les das un golpe de garrote. Los niveles son bastante similares entre sí, y hay un total de 14, para desespero del jugador, ya que son endiabladamente difíciles, y se ambientan en los cuatro elementos: fuego, agua, aire y tierra. 

También podremos subirnos a una nave espacial para recorrer parte de los niveles por aire, disparando un inocuo láser, lo cual aporta un toque de variedad pero no reduce la dificultad. La acción contiene plataformas y saltos, aguas mortíferas a esquivar y enemigos por tierra y aire, a modo de un run and gun con plataformas y ataques hack ‘n slash. Afortunadamente dispondremos de varios potenciadores y vidas extra ocultos en piedras, pero resultan del todo insuficientes ante tal avalancha de enemigos imposibles de eliminar. Los controles son buenos y los movimientos bastante rápidos, y el scroll funciona de forma fluida con parallax de fondo, y si bien la música es inexistente durante el juego y se limita a sencillos efectos de sonido, la melodía de la intro suena realmente genial. En general es un primerizo juego divertido pero muy desafiante y difícil, a menudo frustrante, sobre todo a medida que avanzas niveles, si es que puedes…

Un año después nuestros paisanos de Opera publicaron Corsarios (Opera Soft, 1989), del que ya hablamos en el artículo de los beat ‘em ups, y cuya segunda fase (el juego está dividido en dos partes o grandes fases) es un hack ‘n slash de piratas. Un sencillo título claramente de 8 bits del que se hizo un copy-paste y se trasladó tal cual a un Atari ST. Manejamos a un pirata a bordo de un barco y debemos trepar por mástiles y coser a estocadas a todo el mundo con nuestro sable. Con unos gráficos de Amstrad CPC y unos horrendos movimientos y controles, es un juego que sencillamente te puedes ahorrar. Pero tranquilo, hombre! Que ese mismo año salió al mercado la primera alegría del género, el genial Ivanhoe (Ocean Software, 1989), un estupendo título que extrañamente fue desarrollado por los reguleros tipos de Ocean, sacando buena nota en su horroroso historial para ST. 

Es un colorido juego con excelentes gráficos y unos espectaculares paisajes, con un mimo a todo el apartado artístico digno de mención (especialmente la gran elección de la paleta de colores y el difuminado de los árboles del bosque, que parecen pintados a pincel). La música es también muy buena y contribuye a una gran ambientación al más puro estilo de las novelas artúricas, y la acción, controles, manejabilidad del personaje y curva de dificultad están muy conseguidos. A lo largo de 5 fases debemos guiar al intrépido caballero Ivanhoe y su rubia melena a través de espléndidos bosques, un barco pirata, una escapada a campo abierto a lomos de un corcel esquivando de todo, las calles de piedra de una aldea medieval y un castillo con cientos de puertas y mazmorras, para conseguir rescatar al Rey Ricardo. Al final de algunos niveles hay bosses peliagudos, y al completarlos nos encontraremos una fase de bonus, donde los sprites se agigantan en un buen alarde técnico y visual, y deberemos superar combates para conseguir vidas extra luchando en cavernas contra gigantes y monstruosas criaturas. 

Podemos atacar con la espada (y en algunas ocasiones con una ballesta o una lanza, y hasta lanzando bolas de fuego) y defendernos con el escudo a diferentes alturas, para protegernos de todo lo que nos lancen desde cualquier ángulo. Nuestros ataques también pueden ser a ras de suelo o por el aire saltando con la espada, y aquí nos encontramos uno de los pocos inconvenientes del juego: el ataque, especialmente al saltar, es raro de narices, tiene un movimiento brusco, demasiado rápido y falto de frames, que despista un poco y al que cuesta acostumbrarse, hasta que lo asimilas y sigues como si nada. La verdad es que hay enemigos por todas partes que a menudo te rodean (guerreros, ogros, magos, piratas, arqueros…) y muchos no mueren al primer toque, así que toca multiplicarnos (a veces, especialmente con el uso de determinadas pociones, el personaje realmente parece multiplicarse en una especie de ataque ninja muy loco y algo desconcertante) y sufrir algún daño a nuestra preciada barra de energía. 

El scroll horizontal es muy fluido y rápido (toda una rareza en un juego de Ocean) y las animaciones de los personajes (excepto al atacar con la espada) están muy trabajadas, al más puro estilo de dibujos animados clásicos (al parecer, el artista gráfico trabajó en las películas animadas de Asterix). En general es un buen juego de acción y espadazos, con un excelente trabajo gráfico digno de ver, y que no deberías perderte. 

Al año siguiente nos encontramos con otro de los grandes títulos del género hack ‘n slash para ST, que es sin duda el magnífico Torvak the Warrior (Core Design, 1990), del que ya hablamos en el artículo de los mejores juegos de plataformas. Es un genial arcade de espada y brujería que combina plataformas con hack ‘n slash, de manejo algo difícil a la hora de atacar y unas mecánicas algo lentas al principio, hasta que te acostumbras y empiezas a disfrutar de las aventuras de este Conan (perdón, Torvak) el bárbaro, que regresa a su casa con su familia como un Rastan de la vida después de luchar en la guerra, y se encuentra con su pueblo devastado a manos del ejército del malvado Nigromante. Así que, hacha en mano, se embarca en una aventura en busca de venganza a lo largo de 5 largos escenarios de fantasía (un poblado, un pantano tenebroso, las montañas, el templo del bosque y el castillo del nigromante), que requieren exploración y paciencia.

Nos toparemos con unos gráficos coloridos y cuidados, y unos niveles muy largos (divididos en diferentes secciones) con mapeados extensos y múltiples caminos, que deberemos explorar horizontal y verticalmente hasta dar con la ruta correcta. Las animaciones y movimientos del personaje están muy cuidados pero son ligeramente lentos, y a la hora de atacar y blandir la espada es necesario hacerse primero con la mecánica de los ataques, ya que la mayoría de enemigos requieren varios golpes y no puedes quedarte a su lado para lanzar estocadas consecutivas, debes retroceder y volver a empezar. Podemos usar diferentes armas (un hacha de doble hoja, una maza, una espada a dos manos, una bola de pinchos con cadena…), varios escudos de protección y muchas pócimas que incrementarán nuestro poder de daño o nos proporcionarán hechizos muy útiles para reventar a los enemigos. Además, incluye una estupenda música durante el juego, con melodías muy acertadas que le dan el toque justo para crear esa atmósfera de fantasía de espada y brujería que recrea a la perfección. Un clásico que debes jugar sí o sí.

Probablemente se trate del mejor hack ‘n slash de todo el catálogo del Atari ST, es un fantástico y muy recomendable título, que no tuvo un relevo interesante hasta al cabo de un año con Death Bringer (Empire Software – Oxford Digital Enterprises, 1991), que no debemos confundir con el RPG llamado Deathbringer de 1988. Igual que Torvak the Warrior, está ambientado en un mundo de fantasía medieval con bárbaros, magos y fuerzas malignas. En este caso nuestro héroe es Karn el bárbaro, portador de una espada mágica llamada Deathbringer, que contiene en su interior el alma de un poderoso demonio, así que debe dar muerte a todas las criaturas malignas posibles para alimentar al demonio de almas, y así llegar a derrotar a los malvados magos que quieren dominar el mundo,

Es un título de funcionamiento similar a Shadow of the Beast, y que comparte con él su principal característica: tiene un gran puesta en escena, con muy buenos gráficos y espectaculares efectos parallax multiscroll, pero una jugabilidad escasa y repetitiva. En este caso, además, debemos añadir unos controles algo ortopédicos y mejorables, pero en el lado positivo tenemos un enorme apartado artístico (con una buena música digitalizada con riffs de guitarra en la intro y detallados gráficos de sprites y paisajes) y una dificultad asequible. La mecánica del juego consiste en desplazarse a izquierda o derecha linealmente, no hay plataformas, caminos elevados o subterráneos, múltiples rutas o interacción con objetos, simplemente vas horizontalmente a un lado o a otro y te cargas a los enemigos que te  salen al paso. Cuando llegas al extremo izquierdo o derecho de un nivel pasas al siguiente, sin más. El recorrido no es lineal, dependiendo del lado que escojas verás unos niveles u otros, cuyo funcionamiento es siempre el mismo y solamente cambia la decoración de fondo. Después de cada nivel, eso sí, te enfrentas a un boss, normalmente es tarea fácil, y están todos muy bien dibujados (dragones, gigantes, serpientes grandotas…) Los niveles presentan unos paisajes dignos de ver, especialmente con el efecto parallax en diferentes capas, lo que les otorga una gran sensación de movimiento y profundidad, y transcurren en tierras nevadas, volcánicas, paisajes verdes, oscuras mazmorras o infernales campos yermos.

Al cabo de poco de jugarlo se hace monótono y repetitivo, una vez asimilados sus grandes atributos gráficos y su puesta en escena, empieza a aburrir un poco, pero vale la pena recorrer los escenarios a espadazo limpio y disfrutar de su ambientación. Si te gusta este género seguramente lo disfrutarás, pero un poco más de variedad de situaciones y una mejora en los controles no habrían estado de más. 

Y para acabar, he dejado para el final una genialidad de juego que salió el mismo año, el fantástico First Samurai (Image Works – Vivid Image, 1991), un juego de plataformas, beat ‘em up y hack ‘n slash de gran calidad, excelente jugabilidad y mucha diversión. En él manejamos a un samurai que debe enfrentarse a todo tipo de enemigos a través del tiempo para vengar la muerte de su maestro a manos de un demonio, usando artes marciales y una espada que te cagas. Tiene una gran ambientación mística de tradición japonesa y se desarrolla en largos niveles a explorar en diferentes épocas, llenos de plataformas, múltiples rutas a escoger y muchos enemigos con los que lidiar. Los vastos niveles y el desarrollo del juego recuerdan a Torvak the Warrior, pero en este caso tenemos movimientos mucho más rápidos, saltos ágiles y la aparición de muchos adversarios simultáneamente, además de la posibilidad de realizar múltiples y variados ataques, tanto con puñetazos y patadas como usando la espada (son especialmente llamativos los diferentes ataques de saltos con la katana), en un gran alarde de creatividad y multiplicidad de movimientos de animación por parte de los programadores.

Al eliminar progresivamente enemigos conseguiremos incrementar la energía mágica de nuestra katana, y así tendremos más poder (si su energía se agota, la perderemos y solo nos quedarán nuestros puños, aunque eventualmente podremos lanzar cuchillos y bombas). Se trata de ir aumentando nuestras habilidades progresivamente y, en algunos momentos, solventar pequeños puzzles activando campanas para que nuestro mago guía y mentor nos abra el camino. Además podremos recoger ítems de comida y bebida para recuperar la barra de salud (representada por un brazo), y ollas mágicas para empezar desde ese punto del nivel. Lo más importante, aparte de sobrevivir, es encontrar los cuatro elementos de cada nivel, y así superarlo y enfrentarnos al boss de turno para pasar a la siguiente época y buscar en el tiempo al malvado Rey Demonio. A menudo nos adentraremos, en cada nivel, en zonas subterráneas o elevadas, al estilo Turrican, y de esta manera recorreremos hasta 10 niveles, ambientados en los bosques del antiguo Japón (con unos curiosos y molestos aliens que te atacan desde todas direcciones), un tren urbano y frenético, las calles de varias ciudades modernas con edificios, rascacielos, alcantarillas (con extrañas medusas flotantes y tentáculos), un montacargas industrial gigante y un edificio de viviendas japonesas al final, donde se esconde nuestro enemigo.

Los movimientos son rápidos y el scroll es muy fluido, además los controles son fáciles y los diferentes saltos y ataques a realizar se aprenden rápidamente y son todos igual de efectivos, solo debes quedarte con los que más te gusten y empezar a repartir. Esto otorga a este título una gran jugabilidad, técnicamente está muy logrado, y tiene unos gráficos dignos de elogio, con sprites grandotes, muy bien animados y detallados, y un diseño de niveles atmosférico, imaginativo y colorido, lo cual es de agradecer. Es un título absorbente y divertido, y a medida que lo juegas y vas superando fases descubres que se vuelve adictivo y desafiante a más no poder.

El juego cosechó un éxito considerable y, además de sus versiones iniciales para Atari ST y Amiga, fue portado posteriormente a otros ordenadores y a Super Nintendo, con una gran acogida, lo que llevó a sus creadores a lanzar una secuela, Second Samurai

 

Bonus: los 1 contra 1 a espadazo limpio

Y hubiéramos podido hablar de muchos otros títulos del género, aunque no hay espacio para todos. Por ejemplo, tenemos varios títulos de combates 1 contra 1 que mencionamos en el artículo de juegos de lucha, basados en duelos con espadas, por lo que son hack ‘n slash y de lucha a la vez, como Barbarian – The Ultimate Warrior (Palace Software, 1987), hecho a imagen y semejanza de Conan el Bárbaro, donde te enfrentas a otros guerreros y puedes asestarles el famoso golpe de la muerte (ese que, si te colocas a la distancia justa, el luchador da dos pasos girando 360 grados y lanza una estocada que corta de un tajo la cabeza del adversario); I Ludicrus (Actual Screenshots, 1989), con un colorido diseño gráfico de tipo cómic al estilo Asterix, donde manejamos a divertidos gladiadores que luchan con su espada en el circo romano; o Gladiators (Interceptor Software – Wise Owl Software, 1991), con la misma temática pero de ambientación un poco más realista y movimientos algo ortopédicos. 

Y hasta aquí las diferentes aportaciones del catálogo del Atari ST a este interesante género. Algunos juegos son prescindibles, otros aceptables, y muchos otros realmente merecen ser jugados y disfrutados, así que no te lo pienses más.

 

Chuck McGallagher