Uno de los géneros más populares y que más horas de diversión asegura es el de los famosos y efectistas run and gun. Igual que en un shoot ‘em up nos subimos sin pensarlo a una nave y nos liamos a disparar a todo lo que se mueva, descargando adrenalina y liberando tensiones mientras freímos a esos malditos bastardos, también podemos ponernos en la piel del héroe de turno y arrancar a correr y disparar potentes armas a diestro y siniestro, sin ningún miramiento, sin contemplaciones, sin tregua ni cuartel. Aquí no hacemos prisioneros. 

En el run and gun no hace falta darle muchas vueltas a nada, empiezas a moverte hacia donde quieras y a aporrear el botón de disparo, esto asegura partidas rápidas y acción trepidante. A menudo los títulos de este género, especialmente si son de desplazamiento horizontal, van ligados a los juegos de plataformas, pues ambos géneros combinan a la perfección, y no es para nada de extrañar encontrarte un título donde la acción y mecánicas se basan en correr y disparar a los enemigos a la vez que saltas por infinidad de plataformas. Por eso veremos algunos juegos que son un híbrido entre ambos géneros, y comentaremos solo por encima los que ya vimos en el artículo de los mejores plataformas para Atari ST. 

Como siempre, entre todo el catálogo de videojuegos de este brutal y asombroso ordenador que nos voló la cabeza en los 80 y 90, veremos una selección personal de los que me parecen más destacables, y dejaremos al margen los ports de coin-ups arcade, como podrían ser Commando, Mercs, E-Swat, Midnight Resistance o Rolling Thunder, porque teniendo a día de hoy emuladores a punta pala siempre es más recomendable jugarlos en su versión de arcade original, y así nos centramos en títulos pensados por y para nuestro amado Atari ST. 

 

Dame un musculoso héroe cargado de plomo hasta los dientes

Eso es lo único que necesitamos. Un soldado de élite armado con lo que sea (siempre que sirva para reventar a todos los enemigos) que se mueva horizontalmente de izquierda a derecha mientras dispara. Así de simple. Parece que un clon de Stallone o Schwarzenegger repleto de músculos y con armas cuando más grandes mejor nos ponía los dientes largos, así que no son pocos los títulos destacables y de calidad publicados bajo esta fórmula.

Nuestros amigos de Dinamic lo tenían claro, por eso primero publicaron After the War (Dinamic 1989), un beat ‘em up resultón ambientado en una ciudad post apocalíptica cuya segunda parte era un run and gun en una estación de metro, con un soldado con una  escopeta gigante para matar ratas radioactivas, enemigos mutantes, gráficos aceptables (pero muy detallados y coloridos) y controles algo ortopédicos. Después sacaron A.M.C. Astro Marine Corps (Creepsoft – Dinamic, 1990), otro run and gun de gráficos más adecuados para 16 bits, música de intro digitalizada y scroll suave, que presentaba a un musculoso marine espacial cuya ciber escopeta era más grande que él, recorriendo planetas plagados de alienígenas para freír, con movimientos algo lentos, acción demasiado pausada y fondos repetitivos, pero aceptable. Tras este juego, al año siguiente desarrollaron Arctic Moves (Dinamic, 1991), continuación Army Moves y Navy Moves, pero el proyecto se canceló. Consistía en una misión en el ártico en una base militar bajo la nieve, con mucha acción plataformera y de disparos, unos gráficos envidiables y movimientos y controles un poco torpes y todavía por pulir (en 2001 se publicó el proyecto en desarrollo y puedes jugar al primer nivel, y créeme que merece la pena!)

Donde realmente los chicos de Dinamic dieron en el clavo fue en uno de sus últimos títulos, del que ya hablamos recientemente en otro artículo: el increíble y espléndido Risky Woods (Electronic Arts – Dinamic – Zeus Software, 1992). Así como los dos títulos anteriores son tolerables y reguleros, esta obra maestra resulta un juego imprescindible para Atari ST. Es un plataformas y run and gun que presenta un mundo de estilo medieval con esqueletos, dragones, insectos alados y demás bichos enfrentados por un héroe jovencito de clara inspiración manga, que lanza cuchillos y recolecta monedas en unos envidiables, coloridos y detallados gráficos con suaves y rápidos movimientos en pantalla. Un espectacular juego de acción trepidante, de los mejores de todo el catálogo del ST. Si queréis saber más sobre él podéis echarle un vistazo a nuestro artículo de los juegos de plataformas.

Otro interesante título con un personaje también juvenil e inspirado en el manga es el gran Switchblade (Core Design – Gremlin Graphics, 1989), y su continuación Switchblade II (1990), de los que ya hablamos recientemente. Se trata de un run and gun con acción plataformera y exploración ambientado en un futuro distópico cyberpunk, que nos pone en la piel de un joven soldado con un puño cibernético multi armamento, que debe derrotar a todo tipo de bichos robot recorriendo una ciudad y su laberinto subterráneo. Con una buenísima música (sobre todo en la primera parte) y unos detallados gráficos de calidad estilo anime futurista, resulta una saga que necesariamente debes jugar, porque alberga muchas horas de diversión, exploración y acción. Aquí puedes verlo con más detalle.

Y ahora podemos detenernos en un sorprendente, infravalorado y semidesconocido título al estilo Metal Slug, salvando las distancias (de hecho, este es anterior), llamado Rubicon (21st Century EntertainmentFingerbobs, 1992). Ideado y desarrollado por los programadores Twisted Minds, con gráficos del mítico Mark K. Jones (Cybernoid 2, Stormlord, Total Recall), este juego nos sitúa en otro futuro post apocalíptico (vaya hombre, no me digas!) justo después de un accidente nuclear (qué original!) en la Unión Soviética, con la población evacuada y radiación a tutiplén que ha hecho mutar a toda la fauna existente en horrendos y peligrosos bichos, que alguien tiene que eliminar.

¿Quién será? Pues te ha tocado, lo siento. Eres un pedazo de rudo soldado a torso descubierto, de estilo cómic muy bien dibujado, armado hasta los dientes y experto en freír enemigos sin complejos. Disparas primero y preguntas después. Tu misión es aterrizar en la zona radioactiva, mantener transmisiones de contacto con tu nave y adentrarte en el infierno mutante para cargarte a los bichos a través de 7 fases: una llena de animales prehistóricos, un castillo medieval de suelos de piedra, un entorno de ciencia ficción futurista cubierto de nieve, una selva inca, una cueva volcánica, un nivel donde te sumerges bajo el mar con un traje de buceo, y al final la base nuclear, sacada de las mejores creaciones de H. R. Giger, plagada de aliens muy bien hechos, donde te enfrentas a la reina alien.

La mecánica del juego es simple: avanzas de izquierda a derecha disparando a todo lo que se mueva, ya que te salen enemigos por tierra y aire (y constantemente aparecen minibosses por todas partes), hasta superar el boss al final de cada nivel. Dispones de muchas armas y potenciadores, cuya munición cae del cielo, y debes aprovechar para sacar ventaja con tus cohetes teledirigidos, triple disparo, lanzallamas, láser, napalm o un jetpack. Los gráficos son realmente buenísimos y espectaculares, el juego presenta 25 colores simultáneos en pantalla (reutiliza sprites de Total Recall – Desafío Total, también diseñados por Mark K. Jones) un scroll suave y movimientos rápidos con buenos controles. Los fondos son muy guapos y detallados, y los sprites están muy bien trazados (encontraremos dragones, reptiles, pterodáctilos, robots, tanques, monos con lanzas, gigantes de piedra o criaturas alienígenas). Otro de sus puntos fuertes es la música digitalizada de la intro, a cargo de Maniacs of Noise y Nic Alderton (a.k.a. Count Zero), una magnífica banda sonora pocas veces vista en un Atari ST, que en su versión STE soporta el chip de sonido DMA con resultados sorprendentes. 

El juego es un poco difícil, con tanto enemigo y miniboss por el camino, y aunque los niveles están muy currados y son muy diferentes entre sí, la mecánica es siempre igual y puede llegar a hacerse repetitivo, pero realmente merece la pena, solo por sus gráficos e increíble jugabilidad debería ganarse el respeto de todos y hacerse un merecido hueco de honor en el catálogo del ST.  

Otro título destacable publicado el mismo año es Jim Power in Mutant Planet (Loriciel, 1992), un excelente juego que combina la mecánica de plataformas traicioneras con el puro run and gun. Nos pone en la piel de un personaje arquetipo del actor de acción de Hollywood musculoso, con gafas de sol y gorra, armado con una pistola futurista. Al parecer los chicos de Loriciel no necesitaron reunir mucha imaginación para elaborar un argumento como excusa para salir a matar bichos: la hija del presidente ha sido secuestrada por unos seres mutantes chungos, y la unidad de guerra especial envía a un soldado a rescatarla al planeta mutante, plagado de zombis y bestias que hay que eliminar. 

Resulta un título de gran nivel técnico y de estilo videoconsola (de hecho, además de sus versiones para Amstrad, Amiga y Atari ST, fue portado a Super Nintendo, Turbografx y PC), con movimientos fluidos y rápidos y saltos ágiles, paisajes y decorados muy guapos y llenos de color (todo parece tener una estética chillona de cómic) y unos sprites grandes y trabajados. El problema es que resulta bastante difícil, las plataformas son chungas y traicioneras, está todo lleno de trampas y pinchos, y no paran de aparecer espeluznantes enemigos de lo más variopinto por todas partes (zombis e inquietantes animales mutantes).

Consta de 5 niveles, que alternan el run and gun y plataformeo con fases de shoot ‘em up (la segunda y la cuarta), en las que volamos con un jetpack a la espalda y le disparamos a todo lo que se mueve. A lo largo de los extensos niveles no tardan en aparecer minibosses de la nada, pero tranquilos, al final siempre nos enfrentaremos a un gigantesco jefe de fin de nivel. Por supuesto, contaremos con powerups para potenciar nuestra poderosa arma, dispondremos de megabombas limitadas y podremos recoger llaves y bonificadores de gran ayuda, como escudos, vidas y tiempo extra. 

La música, a cargo del gran Chris Hüilsbeck (Turrican, Quik and Silva) es otro aspecto que destaca enormemente en este juego, tanto en la genial melodía digitalizada de la intro como en la banda sonora chiptune de cada nivel. En definitiva, un genial título muy bien hecho, que no es aconsejable perderse, ya que es desafiante, trepidante y muy adictivo. 

Y ahora que mencionamos a Turrican,  no perdamos de vista que estamos hablando del que es posiblemente el mejor de todos los run and gun para Atari ST: Turrican (Rainbow Arts – Factor 5, 1990) y su continuación Turrican II: The Final Fight (1991). Ya hablamos de esta increíble saga recientemente, se trata de un juego de exploración, plataformas y run and gun trepidante que definió a toda una generación. Manejamos a un guerrero enfundado en un traje robot que le proporciona una poderosa fuerza, disparos a tutiplén y un rayo multidireccional que se lo carga todo, en un planeta futurista plagado de hordas de bichos robotizados a destruir. Con un fluido scroll multidireccional a 25 Hz con parallax, unos envidiables gráficos y una música espectacular, nos plantea una acción a base de exploración de extensos mapeados y disparos a mansalva, amén de la posibilidad de transformarnos en una rueda mecánica asesina, en una nave espacial o de volar con un jetpack. 

Sus movimientos son suaves y precisos, y los controles una verdadera delicia. Se trata de una maravilla jugable visual y sonora, que atesora horas y horas de diversión y múltiples desafíos, y de la que puedes leer más en nuestro anterior artículo.

Muchos juegos intentaron seguir su estela, ya que cosechó un éxito y popularidad enormes. Uno de los que más le deben a Turrican es Zone Warrior (Electronic Arts – Imagitec Design, 1991), cuyos desarrolladores habían parido obras del calado de Rock ‘n Roll o Viking Child. Es un juego de exploración, plataformas y por supuesto disparos. El sprite del personaje me recuerda al de Baal de Psygnosis, pero la mecánica del juego es más del estilo de Turrican. Aunque no tiene sus gráficos, ni lo pretende, presenta unos niveles laberínticos enormes interconectados por puertas y ambientados en diferentes épocas de la historia. Al parecer una invasión alienígena ha atacado diferentes momentos de la historia de la humanidad con una máquina del tiempo, sembrando el caos y capturando rehenes. Nuestra misión es rescatarlos y cargarnos a los alienígenas viajando por esas dimensiones (la prehistoria, el antiguo Egipto, la época medieval, el Japón ancestral y el holocausto postapocalipsis). 

Afortunadamente puedes ir recogiendo piezas del mapa, que deberás consultar a menudo, ya que los niveles son largos y sus diferentes salas son prácticamente idénticas, por lo que te pierdes con facilidad con tanta puerta y no sabes si ya has pasado por allí con anterioridad. Esto a veces se hace tedioso, pero el juego lo compensa con buenas dosis de acción. Los movimientos son fluidos y el scroll horizontal es bueno, los sprites son detallados y están bien hechos aunque sin alardes, y dependiendo del nivel los fondos son sencillos y la elección de la paleta de colores chirría un poco (el nivel de Egipto es feote con un amarillo chillón espantoso, y además es dificilillo, mientras que el de la prehistoria  luce muy bien, con fondos vistosos y sprites guapos). Los niveles de Japón y el medieval también son bastante divertidos y con gráficos chulos, pero la dificultad se vuelve un tanto exasperante en el nivel del holocausto, todo sea dicho. 

La música, presente durante todo el juego, es otro de sus puntos fuertes, a cargo del enorme Barry Leitch (es el compositor de Supercars 2, Lotus 2, y Switchblade 2, casi nada). En general es un título muy disfrutable, que hubiera sido aún mejor con los mapeados un poco menos extensos y sin tantas puertas. Aunque solo sea para pegarle un tiento y disfrutar de la fase de la prehistoria, ya merece la pena, seguramente te sorprenderá y te enganchará, porque no deja de ser bastante divertido. 

 

Ya vale de tanto soldado musculitos, quiero robots futuristas!

Pues sí, continuando con los numerosos run and gun de desplazamiento horizontal que salieron para Atari ST, cabe recordar que no todos fueron protagonizados por clones de Stallone hasta las cejas de anabolizantes. Maldita sea! Hasta el tío de Turrican era, al fin y al cabo, un soldado que se metió dentro de un traje de robot! Pero los hay directamente protagonizados por robots de tomo y lomo, sin medias tintas, máquinas futuristas equipadas con la última tecnología y listas para freír a cualquier bastardo enemigo.

El filme Robocop 2, estrenado en 1990, puso de nuevo a los robots en primera línea de atención mediática, y causó especial sensación el robot enemigo ED-209, ese peculiar bicho consistente en una cabezota gigante sobre dos patas, que se puso de moda ipso-facto. Así que no tardaron en aparecer diversos videojuegos run and gun protagonizados por clones de ese robot, como The Killing Game Show, publicado ese mismo año y que causó gran sensación por su aspecto artístico (tanto gráfico como sonoro), o Robozone y Under Pressure, que se apuntaron al carro al año siguiente, igual que el genial Droid (del que ya hemos hablado anteriormente). Robozone (Image Works – Arc Developments, 1991) destacaba visualmente por su apuesta futurista y su introducción con gráficos vistosos, pero tenía una jugabilidad algo torpe y repetitiva, y se volvía rápidamente monótono. Under Pressure (Electronic Zoo – Eldritch the Cat, 1990) impresionaba en primera instancia porque parecía más una demo técnica que un juego completo, con sus sprites gigantescos y su gran puesta en escena, pero sus movimientos eran lentos y repetitivos, sus controles no eran gran cosa y su jugabilidad caía en picado al cabo de poco porque apenas podías ver lo que sucedía a tu alrededor, con esos personajes tan grandes. 

Así que realmente todos ellos no lograron llegar a la suela del zapato de su predecesor, The Killing Game Show (Psygnosis – Raising Hell, 1990). Se trata de un trepidante run and gun futurista a base de plataformas y acribille de enemigos, con unos gráficos apabullantes y una brutal música electrónica digitalizada a cargo de Nic Alberton (Count Zero), quien ya hemos visto que años después compondría las melodías de Rubicon o Battletris.

Este es un juego que divide a todo el mundo, o lo amas o lo odias. Cuando salió causó sensación en las revistas especializadas (y no tardó en aparecer un port a Megadrive, bajo el título de Fatal Rewind), ya que Psygnosis acostumbraba a cuidar mucho el aspecto artístico de sus juegos con gráficos muy currados, intros animadas espectaculares que parecían películas de ciencia-ficción y músicas de ensueño. Y todo esto se daba en The Killing Game Show. A partir de aquí, podía sacarte de quicio por su dificultad apremiante, la presión contrarreloj, su ritmo alto de acción a raudales y sus laberínticos niveles, o podía entusiasmarte exactamente por lo mismo. 

El juego nos sitúa en un futuro cyberpunk dentro de un concurso de televisión tipo Running Man (Perseguido) donde los criminales pueden participar luchando por su vida y su libertad, son lanzados a los denominados pozos de la muerte y allí deben enfrentarse a hordas de enemigos robot y escalar hasta la cima de cada nivel. Por supuesto, cada concursante es mutilado y convertido en un robot cyborg armado hasta los dientes. Que no se diga. Nosotros manejamos a uno de ellos, un héroe de la resistencia que ha sido capturado y obligado a participar en el famoso Killing Game Show. 

Se trata de un run and gun de mucha acción, donde debemos esquivar trampas y disparar a los enemigos, saltar plataformas y ascender como locos antes de que el ácido líquido suba y nos alcance. Además hay que encontrar el camino correcto en los laberínticos niveles (16 en total, cada uno ambientado en un satélite y dividido en dos secciones) y evitar los callejones sin salida y los saltos al vacío. Esto a veces es desesperante porque dispones de poco tiempo (en la versión de Amiga el ácido sube mucho más rápido, no os quejéis!), y no paran de salir enemigos por todas partes (las animaciones de los sprites son realmente muy buenas) de manera que es casi imposible matarlos, y a menudo te sale más a cuenta esquivarlos y seguir corriendo, al fin y al cabo tienes una barra de energía que va disminuyendo, aunque puedes recuperarla recogiendo items. También debes encontrar llaves de diferentes formas para introducirlas en distintas ranuras y así habilitar nuevas zonas o desbloquearrayos que te impiden el paso. 

Empiezas con un láser normalito pero eficaz que permite disparar hacia los costados, y puedes ir recogiendo otras armas como el láser gordote, que es como el anterior pero con mucho más alcance y fuerza; los misiles de largo alcance, que son la hostia de poderosos; el disparo lateral, que permite disparar arriba y abajo (algo múy útil); o el triple disparo, que tiene más alcance pero no tiene tanta fuerza como el láser. Si te matan los enemigos o te quema el ácido y acabas palmando una vida (resulta espectacular el efecto del reflejo del sprite en el líquido, algo muy logrado) se muestra en pantalla una repetición a cámara lenta de tu muerte (recuerda que esto es un programa de TV), aunque te la puedes saltar. 

Los movimientos son extremadamente ágiles con animaciones excelentes (puedes hasta trepar por las paredes) y el scroll es muy fluido. Los fondos varían en cada nivel, aunque se pueden hacer un poco repetitivos (el tercer nivel, por ejemplo, tiene una muy buena ambientación con un fondo parecido al de una catedral gótica con cabezas de gárgola). Al final el juego se reduce a correr y disparar sin piedad mientras esquivas bichos, saltas por plataformas y buscas como un loco la salida. Es decir, todo lo que tiene que tener un buen run and gun. Como mínimo es una gozada para partidas rápidas y descargue de adrenalina, y si quieres adentrarte más en su universo y aceptas el desafío completo, prepárate a disparar y ármate de paciencia.  

Durante el año siguiente a Psygnosis no se le pasó la fiebre por los run and gun robótcos y laberínticoss, así que se sacó de la manga un título llamado Ork (Psygnosis – WJS Design, 1991), con una estética muy similar a la de su Shadow of the Beast y con un desarrollo de niveles mezclando The Killing Game Show con Leander, todos ellos de Psygnosis. WJS Design (o DMA Design, que para el caso es lo mismo) habían creado genialidades del tamaño de Lemmings o Blood Money, y años más tarde evolucionarían a Rockstar North (estos ya te suenan más). 

Ork consiste en un arcade de acción run and gun y plataformas con buenas dosis de aventura y rompecabezas. Manejamos a Ku-Kabul, un alienígena robot que para convertirse en capitán espacial debe demostrar su valía, así que es lanzado al planeta Ixion infestado de enemigos hostiles donde debe sobrevivir y escapar. Nuestro alien robótico está equipado con dos cañones de ametralladora y un jetpack, dispone de munición y combustible limitados y deberá superar 5 niveles disparando a todo lo que se mueva y superando un reto o acertijo distinto en cada uno. Si completamos la tarea o puzzle del nivel, el guardián que lo custodia nos dejará pasar al siguiente, y esto incluye explorar zonas y recoger objetos y llaves (tranquilos, el juego incluye un libro de pistas con la solución completa). 

Presenta un fluido scroll multidireccional y escenarios grandes y laberínticos al estilo The Killing Game Show, con fondos de efecto parallax muy coloridos y detallados que incluyen unos degradados de color y sombras casi idénticos a los de Shadow of the Beast, lo cual le otorga una ambientación de mundo de fantasía y ciencia-ficción muy guapa. Al disparar podemos oír samples de sonidos de ametralladora (aunque los proyectiles no se ven en pantalla, solo se oyen) y otros efectos bastante logrados al destruir a los numerosos enemigos. De hecho, hay tantos bichos que algunas veces son difíciles de esquivar, ya que los movimientos del personaje son un pelín lentos (además no se puede agachar) y la barra de energía se ve constantemente reducida. Quizá con algo más de fluidez de movimientos el juego habría ganado en diversión, pero no deja de ser un run and gun muy divertido, que con el aliciente de los puzzles y la aventura resulta atractivo y asegura horas de acción, además de ser visualmente es una obra de arte.

Y hablando de obras de arte, no puedo dejar de hacer mención al genial Venus the Flytrap (Gremlin, 1990), del que hablamos en el artículo de los juegos de plataformas. Es un chulísimo run and gun que nos pone en la piel cibernética de un insecto robot, diseñado para aniquilar la plaga de bichos biónicos que controlan el mundo en un futuro distópico. Nuestra cibermosca se mueve por unos espectaculares niveles coloridos y muy trabajados, repletos de insectos terrestres y voladores con sprites muy bien animados, movimientos fluidos, controles ágiles y fiables y un scroll suave que da gusto ver. La acción de disparos y plataformas se intercala con interesantes niveles de shoot ‘em up, lo cual le da más variedad y diversión al juego. Es una obra maestra que no te puedes perder, y de la que puedes leer más en nuestro anterior artículo. 

Y hasta aquí hemos llegado con la primera parte del artículo, no está mal la de juegos que hemos visto, pero ni por asomo hemos acabado, ya que lo mejor está por venir. Quedan por visitar otros títulos cuya acción se desarrolla bajo otro punto de vista, el cenital (también conocido la famosa vista aérea), que implica una acción y jugabilidad completamente distintas y que dio lugar a multitud de variantes, así que no te pierdas la segunda parte.

 

Chuck McGallagher