Si creciste en los 80 y sobreviviste (como dice la canción) seguro que recordarás cómo esa mítica década redefinió por completo la cultura popular y sus reglas, y todo cambió para siempre. Los Cazafantasmas, los Gremlins y Terminator llegaron las pantallas y Marty McFly voló con su DeLorean al futuro. Madonna, Bruce Springsteen y los sintetizadores bajo luces de neón ponían la banda sonora, y el Live Aid y el We are the World dieron la vuelta al mundo para unirlo contra la pobreza mundial.

El mundo estaba cambiando a la velocidad de la luz. Ronald Reegan había sido reelegido como presindente de EE.UU. y Apple había sacado al mercado su potente Macintosh, que se hizo con el mercado de los ordenadores. En la Unión Soviética había nacido un videojuego llamado Tetris, que iba a revolucionar el mundo de las consolas, así que en 1985 llegó Mijaíl Gorbachov (que nos hacía mucha gracia porque tenia un manchote que te cagas en la frente) para iniciar la perestroika. Nintendo lanzó la NES en Estados Unidos, y con Super Mario Bros comenzó una nueva era: la del fontanero más famoso de la historia. Como para olvidar esos días, madre del amor hermoso.

Viendo el percal del mercado doméstico de los ordenadores y las consolas (dominado por el Macintosh y la NES), Jack Tramiel, de Atari Corp., quiso dar un golpe sobre la mesa, sacarse el rabo y coger el toro por los huevos. Lo que vino después forma parte de la historia.

Commodore Corporation y la huída hacia Atari

Este Jack Tramiel era un visionario de tres pares. Había fundado la empresa Commodore Corporation en los años 50, y en 1982 había lanzado el microordenador más vendido de la historia: el Commodore 64. Casi nada. Entonces empezó a pensar en un ordenador de 16 bits, potente y al alcance de todo el mundo, para las necesidades empresariales y domésticas a la vez, que pudiera desbancar al todopoderoso Macintosh, y encargó a la empresa Amiga Corporation su desarrollo. El proyecto se basó en el procesador Motorola 68000 y una serie de chips de apoyo de gráficos y sonido hechos a medida. Pero tras varios conflictos internos, en 1984 a Tramiel se le hincharon las pelotas y abandonó Commodore, para adquirir la división de consumo de Atari y fundar Atari Corp.

La idea de Tramiel era llevarse el proyecto de Amiga Corporation a Atari y sacar su ordenador de 16 bits, pero los cabroncetes de Commodore reaccionaron rápido y compraron Amiga Corporation, así que por contrato el proyecto se quedó en Commodore y su desarrollo siguió sin Tramiel. Éste se la tenía tan jurada a Commodore por quedarse con su idea, así que se llevó a un puñado de sus mejores ingenieros y directivos, que le siguieron a Atari, y les encargó que retomasen el desarrollo del puñetero ordenador pero empezando de cero. Tenían que hacerlo en tiempo récord y adelantarse a Commodore, ya que éstos estarían a punto de sacar su ordenador. Atari tenía que lanzarlo primero.

El chipset del proyecto Amiga no se podía usar por motivos legales, pero los ingenieros conocían el desarrollo y partieron del mismo chip Motorola 68000, eso les permitió acabar el proyecto en  tiempo récord, menos de un año. Tiraron de un diseño más sencillo y barato, enfocados en crear un ordenador asequible pero potente, aunque no tuvieron tiempo de personalizar chips que complementasen al principal, lo cual le restó posibilidades y potencia a lo que podría haber sido, culpa de las prisas. Finalmente, a inicios de1985 Jack Tramiel presentó su flamante Atari ST en la feria CES (Consumer Electronic Show) de las Vegas, dejando perplejo al mundo entero. Y en junio sacó su criatura a la venta, una impresionante máquina única en el mercado, convirtiéndose en el primer ordenador doméstico de 16 bits con interfaz gráfica de mapa de bits en color, que dejaba en ridículo a cualquier ordenador o consola existente hasta la fecha. Los 8 bits parecían cosa del pasado, con su procesador a 8 Mhz abría la puerta a una nueva dimensión: gráficos más nítidos, detallados y coloridos, juegos más ambiciosos y un sistema operativo con ventanas e iconos  intuitivos (el GEM) manejados por el ratón, que hacía sentir a cualquiera como si tuviera un pequeño Macintosh en casa. Y todo ello a un precio bastante más asequible. Su eslogan de lanzamiento, que tomó como bandera, fue «Power without the price», y realmente lo cumplió. El Atari ST revolucionó el mercado y se vendieron millones de unidades en todo el mundo (especialmente en Europa) convirtiéndose en el referente mundial. Había empezado un nuevo reinado.

La guerra Atari – Amiga 

Al cabo de poco Commodore lanzó el Amiga 1000, basado en el mismo proyecto, pero más potente, iniciando así la rivalidad entre Amiga y Atari que monopolizó la segunda mitad de los 80. El Amiga era mejor, pero mucho más caro (casi el doble que un Atari ST), así que solo le pudo hacer algo de sombra porque mucha gente no se lo podía permitir, de manera que Tramiel dominó el mercado con el ST y ganó la batalla. Aunque perdió la guerra.

Commodore se dio cuenta de su error, así que dos años después sacó al mercado el famoso Amiga 500, en 1987. En lugar de tener 1Mb de memoria, este modelo tenía 500 Kb, como el ST, pero era mucho más asequible que el Amiga 1000. Seguía siendo más caro que el Atari, pero al tener un chipset adaptado y pensado para funcionar junto al Motorola 68000, era más potente, y eso se notaba en la fluidez de los videojuegos.

En el ST la CPU tenía que hacer todo el trabajo, estaba hecho a toda prisa con chips complementarios que encontraron aquí y allá, mientras que el Amiga tenía chips de apoyo potentes, hechos a medida y pensados para sonido y gráficos, que hacían el trabajo por su cuenta sin colapsar la CPU ni restarle potencia. El Amiga 500 es lo que tendría que haber sido el Atari ST, que tuvo que salir antes y demasiado rápido.

Sin entrar en demasiadas cuestiones técnicas, ambos ordenadores tenían la misma resolución gráfica, pero el ST ofrecía una paleta de 512 colores y podía plasmar solo 16 simultáneamente en pantalla (aunque con truquillos se consiguieron muchos más, como en el juego Wings of Death: 154 colores en pantalla estática y 26 durante el juego), mientras que el Amiga permitía 32 colores simultáneos de una paleta de 4096. El ST no podía realizar desplazamientos de scroll horizontal por hardware, tenía que hacerlo por software (programación), mientras que el Amiga sí podía. El chip de sonido del Amiga tenía 4 voces de sonido estéreo de 8 bits, mientras que el chip Yamaha YM2149 del ST tenía 3 voces y era mono (bastante parecido al del Amstrad CPC). Eso sí, el ST fue el primer ordenador del mercado con puertos MIDI integrados, lo que lo convirtió en un estudio musical y en la herramienta preferida de músicos y productores.

La batalla no quedó ahí. En 1989 Atari intentó contraatacar el A500 con el modelo ST Enhanced, o STE, con una paleta de colores ampliada, un chip blitter de apoyo que liberaba fluidez a la CPU y permitía scrolling horizontal por hardware, y un chip de sonido estéreo DMA. Aquello se parecía más a lo que debería haber sido el modelo inicial. El gran error fue intentar igualar el Amiga, en lugar de superarlo. Como pasó con la Super Nintendo: si solo hubiese sido “casi” como la Mega Drive, nadie la habría comprado. Lo lógico habría sido lanzar un ordenador superior, porque el Amiga ya estaba haciéndose con el mercado. Hasta entonces los videojuegos se programaban en su mayoría para ST y después de portaban a Amiga, pero la tendencia empezó a revertirse. Además, las compañías hicieron poco caso del STE y apenas salieron títulos que realmente aprovechasen sus capacidades (Stardust , Obsession…)

Efectivamente, años después Atari sacó el todopoderoso TT, de 32 bits, con CPU a 32 Mhz, hasta 16 Mb de memoria y una resolución que te cagas; y la última maravilla de Tramiel, el Falcon 030, de 32 bits a 16 Mhz y 32 Mhz, un chip de gráficos de color real en VGA, disco duro, sonido estéreo de 16 bits y 8 canales, lanzamisiles, portaviones y cañón de protones. Vamos, una pasada de bicho. Era muy superior al Amiga, pero daba igual, nadie lo compró, porque el PC había llegado: los componentes eran más económicos y podía expandirse infinitamente, así que ya nadie se interesaba por el Atari o el Amiga, el mundo de los ordenadores quedó en manos del PC, y el de las consolas en manos de Sega, Nintendo  y Sony. Pero el Atari ST ya había dejado su huella en toda una generación, había vendido millones de unidades en todo el mundo y durante los años que duró su reinado se había ganado su sitio en el Olimpo.

El Amiga presumía de gráficos espectaculares y sonido digitalizado, mientras que el Atari ST ganaba puntos por ser más económico, más estable y perfecto para los que buscaban trabajar o crear música, además de jugar. La discusión era inevitable: en el patio del colegio, en las páginas de las revistas, en cualquier quedada entre amigos… ¿Eres de ST o de Amiga? Aquella guerra dejó amistades divididas y recuerdos imborrables.

El flamante Atari ST y su reinado

De todos los modelos, el más popular y vendido fue, de largo, el flamante Atari 520 ST FM, con modulador de TV mediante salida RF (no tenías que comprarte un monitor, podías enchufarlo a tu tele). Se llamaba 520 por los 520 Kb de RAM, F por la unidad de floppy integrada y M por el modulador. Encima venía, desde 1989, con el flamante Power Pack de regalo, y eso significaba que llevaba 20 juegazos incluidos!

Lo primero que llamaba la atención, visualmente, era su apariencia. Con un diseño innovador sorprendente, parecía un ordenador del futuro, muy alejado de la estética clásica de los PC y Macintosh. Al encenderlo, el entorno GEM (Atari adquirió licencia para usar el Graphics Environment Manager de la empresa Digital Research) tomaba el control de la pantalla, con su inconfundible escritorio verde y sus ventanas e iconos, y la flechita del ratón que se convertía en la mítica abeja cuando cargaba. Era un entorno intuitivo muy similar al de Macintosh, y tuvo que modificarse un poco tras recibir una demanda de Apple. El sistema operativo TOS («The Operative System», o «Tramiel Operative System) venía instalado de serie en la rom de la placa con un arranque instantáneo. Comparar eso con los lentos y tediosos tiempos de carga de las cintas de cassette de tu Spectrum era como ir en cohete al espacio exterior.

Incluía un curioso ratón (el STM1) de forma poco ergonómica y rectangular, y funcionaba con una bola colocada debajo que al arrastrarse giraba unas ruedecitas. Esto era una entrada constante de polvo y mierda, y cada dos por tres tenías que abrirlo, sacar la curiosa bola, y limpiar las ruedecitas con la uña, o el ratón se te atascaba.

Además, tenías como aliados a los prácticos diskettes de 3,5 de 360 Kb a doble cara, ya que el ordenador llevaba integrada la unidad de disco. Los primeros modelos de ST llevaban disquetera externa, y al integrarse a la derecha del teclado tuvieron que reubicar los puertos para ratón y joystick, que se fueron a parar bajo el ordenador (algo incómodo), ya que en la parte izquierda de la carcasa no había sitio: se encontraba el puerto para cartuchos ROM, al que prácticamente no se dio uso.

Mientras que los gráficos y la resolución en pantalla eran una pasada, el chip de sonido Yamaha escogido era bastante limitado, y como los ingenieros de Atari no quedaron muy contentos con él, decidieron en el último momento dotar a su ordenador de un barato puerto MIDI, que lo cambió todo. Al tener la posibilidad de conectarle un sintetizador o cualquier instrumento electrónico, el ST se convirtió en todo un estudio de grabación profesional, y las posibilidades que eso ofrecía eran prácticamente ilimitadas. Algo que llegó por casualidad se convirtió en un aspecto único en su tiempo, y un signo de identidad, estamos hablando del primer ordenador con MIDI integrado. En poco tiempo, debido a sus posibilidades y su bajo precio, el ST pasó a ser la herramienta favorita de la mayoría de estudios musicales y productores (artistas como Depeche Mode, Jean-Michel Jarre, The Prodigy o Pet Shop Boys lo utilizaron para sus producciones desde entonces, y a día de hoy numerosos estudios musicales siguen usando a diario el Atari ST). Buena parte de culpa la tuvo el software especializado para la producción musical profesional que salió al mercado, encabezado por los programas secuenciadores Cubase y Notator, que convertían tu habitación en un estudio de verdad. La creatividad no tenía límites, gracias al acceso inmediato al hardware MIDI integrado, que permitía conectar múltiples instrumentos en cadena, y procesar la información que éstos transmitían en tiempo real de forma inmediata y estable, sin errores de sincronización, para un perfecto proceso de grabación y edición profesional.

El mencionado Jean Michel-Jarre se convirtió en un abanderado mundial del Atari ST al actuar en 1990 en París frente a más de 2 millones de personas, que pudieron ver cómo en el escenario todos los instrumentos, luces, proyecciones y efectos eran coordinados mediante múltiples Atari ST en cadena. Y no solo eso, muchos himnos de la Ruta del Bakalao, como Así Me Gusta a Mí, de Chimo Bayo o Dunne-Espiral,  fueron compuestos y producidos con un ST por Germán Bou, igual que los famosos Max Mix de Toni Peret y Jose Mª Castells. Y creo que Lennon y McCartney también componían con un ST, pero esto ya no te lo vas a creer.

Y aunque el chip de sonido no era gran cosa, el procesador Motorola 68000 era harina de otro costal: arquitectura de 16/32 bits (de ahí el nombre ST, cuyas siglas responden a sixteen/thirty-two) con bus interno de 32 bits y externo de 16, un pepino inusual. Era el mismo chip que usaba el Macintosh, y rápidamente se convirtió en su competencia, ya que se consolidó como una alternativa fiable y a un precio mucho más bajo. De hecho, la prensa empezó a referirse al ST de Jack Tramiel  como «Jackintosh», por su clara inspiración en el modelo de Apple, su arquitectura y entorno gráfico.

Y menudos gráficos! Desde los emblemáticos programas de diseño gráfico Degas Elite, Deluxe Paint y Neo Chrome, hasta el software de autoedición profesional Calamus, pasando por el amplio catálogo de videojuegos que salió para Atari ST, todo era una verdadera obra de arte visual. Los que estábamos acostumbrados a los 8 bits asistimos estupefactos a ese fenómeno brutal, empezando por los 20 juegos que venían incluidos de regalo en el mítico Power Pack. Aún recuerdo como si fuera ayer aquella tarde de verano de 1990, en que volví de la tienda predilecta del barrio con mi amigo Jawler y trajimos mi nuevo y flamante Atari 520 STFM. Había convencido a mis padres para juntar el regalo de mi cumpleaños con algún dinero que tenía ahorrado de las navidades pasadas, y comprarme un Atari ST. Al principio mi idea era adquirir un Commodore Amiga, pero era demasiado caro, y Jawler me hizo ver que el Atari ST era casi igual de bueno, entraba dentro del presupuesto y venía con 20 juegos de regalo y varios programas. No había color.

Pocas veces en mi infancia habré notado tanta emoción  como cuando abrimos la caja y conectamos los cables, el corazón nos iba a mil por hora al darle finalmente al interruptor. Y todo estaba allí, frente a nosotros, como si fuese pura magia. Nos habíamos trasladado al futuro con un DeLorean, de golpe y sin paños calientes. Empezar a probar todos esos juegos fue demencial, nunca habíamos jugado a nada de 16 bits, y al ver en pantalla esos gráficos tan coloridos y detallados, y flipar con esas músicas digitalizadas (como la intro de Starglider, con voces y todo cantando, o las melodías de Super Hang On o Xenon) creo que los ojos se nos salieron literalmente de sus órbitas.

Nunca olvidaré la primera vez que cargué juegos del Power Pack como Eliminator, Gauntlet II o Space Harrier. Me temblaban las manos al coger el joystick. Hay que reconocer que algunos títulos eran malas conversiones de coin op, como Out Run o Afterburner, porque el ST no llegaba reproducir la tecnología de esos arcades y hacía lo que podía. Otros juegos eran mucho más divertidos y rezumaban calidad por los cuatro costados del floppy, como Pac Mania (adictivo y con una música pegadiza) o Nebulus (difícil y desesperante hasta decir basta, pero muy guapo). Pero con gran diferencia, mis preferidos del Power Pack eran el genial Xenon, la opera prima de los Bitmap Brothers, con su espectacular ambientación futurista y una nave que podía transformarse en vehículo terrestre; R-Type, conversión del épico shoot ‘m up, difícil y grandioso, que parecía sacado de una película de H. R. Giger;  y mi preferido: Bomb Jack, uno de los plataformas más geniales jamás inventados. Su sencillez y mecánicas son adictivas desde el primer instante en que te lanzas a recoger bombas, saltar por toda la pantalla y esquivar como puedas a las hordas de enemigos locos que van a por ti. En mi casa organizábamos torneos a dos jugadores por turnos, durante tardes locas de diversión y risas. A día de hoy es el título que más recupero de mi Atari ST, y sigo jugándolo con mis hijos de vez en cuando.

En fin, despúes de eso llegarían a mi casa grandes títulos, como Blood Money o Xenon II, que me prestaba mi vecino, o los legendarios Wings of Death, Gods, Turrican II, Monkey Island, Supercars 2, SWIV, Another World o Lemmings. De ellos ya hemos hablado largo y tendido en estas páginas, y sobretodo los hemos disfrutado hasta exprimirlos.

 

40 años del inicio de una leyenda

Este verano se han cumplido 35 años desde que esta increíble máquina que es el Atari ST llegó a mi casa. Desde entonces, nada ha vuelto a ser igual. Y también se han cumplido 40 años de su nacimiento, en aquel lejano 1985 que cambió la industria del entretenimiento para siempre. Hoy en día la presencia del ST en el mundo de los videojuegos sigue estando muy viva, y prueba de ello son las competiciones anuales Silly Venture de Polonia o Sommarhack de Suecia. Y muchos nuevos títulos de gran calidad siguen lanzándose por parte de creadores independientes, como Dread, Droid Special Edition, FaSTer, Miracle Boy in Dragon Land, Old Towers o Galactic Panic.

40 años después, la comunidad de usuarios del Atari ST se mantiene muy activa y unida, apadrinada por la biblia de todo usuario y seguidor del universo Atari: la megaweb AtariMania, y numerosos canales de internet que a día de hoy se han convertido en referentes bíblicos de la doctrina Atari, como son:

  • Gears of Games, de Suecia, donde Mats publica cada sábado por la noche sus quick looks de títulos de ST y se ha convertido en un referente para toda la comunidad.
  • The Joy of Sticks, de Reino Unido, donde Marc «StickHead» sienta cátedra con sus geniales vídeos temáticos acerca de videojuegos del ST.
  • Atari Crypt, de Reino Unido, con Steve como anfitrión de la cueva de videojuegos Atari más famosa del mundo, llena de hilarantes reseñas.
  • Atari Legend, de Bélgica, donde Marteen publica elaboradas reviews y videoreportajes, con entrevistas y humor a raudales.
  • Into the Vertical Blank, de Estados Unidos, un espacio nostálgico de los hermanos Jeff y Steve Fulton, cuyos vídeos retrospectivos hechos desde el corazón nos recuerdan que todos somos la Generación Atari.

Y por si fuera poco, recientemente se ha publicado un nuevo libro en castellano que repasa la historia del Atari ST, y que ha servido de apoyo para este artículo. Se titula Atari ST: La Leyenda Sin Corona (Antoni Martínez, 2025), y es altamente recomendable para todos los amantes de este ordenador, ya que ofrece un increíble viaje al fondo de nuestros recuerdos.

En fin, después de todos estos años, ya no tenemos la posibilidad de volver a esas tardes increíbles en nuestra habitación, rodeados de nuestros mejores amigos, apelotonados frente al televisor conectado al ST, con el bocata de Nocilla en una mano y el joystick en la otra, los deberes de mates sin hacer y un radiocassette zumbando canciones de Technotronic y Makina Total de fondo, buscando desesperadamente la solución a un endiablado juego en la Micro Manía o incluso organizando torneos al Kick Off o Supercars. Esos momentos, plagados de risas, felicidad y despreocupación, no volverán, pero tenemos la posibilidad y el derecho a recordarlos, apilarlos en un rincón de internet y compartirlos. Quizá así duren, de algún modo, eternamente.

Por muchos otros momentos de felicidad, y por otros 40 años con el Atari ST!

Chuck McGallagher